In Sacristán Memoriam de D. Hipólito Durán

A finales del mes de enero del año 2018 hemos perdido a D. Hipólito Durán Sacristán, catedrático de cirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. El maestro Durán era, además, Académico y Presidente de Honor de la Real Academia Nacional de Medicina. La Fundación Fernández-Cruz quiere unirse, junto con sus Patronos, al sentimiento de condolencia que supone su pérdida.

El maestro Hipólito Durán Sacristán ha contribuido, con muchos de nosotros, a implantar la excelencia dentro del campo asistencial. Perteneció a la generación que estableció la transición de la cirugía general a la especializada. La experiencia acumulada de su docencia quirúrgica ha creado una pléyade de discípulos en las dos Universidades en las  que ejerció, primero Valladolid, de la que fue Rector, y posteriormente en la Complutense de Madrid.

El título de maestro que utilizo al recordarle es el que corresponde  a su habilidad en la práctica de la cirugía general. Y cuando digo general,  que desagradaría como atributo  a los nuevos cirujanos, se basa en que este era el privilegio de este grandísimo profesional.  La epigenética había puesto en sus manos, a través de su maestro Rafael Vara, las cualidades que definen a un gran cirujano. Aparte de las habilidades técnicas, coraje para tomar decisiones, personalidad cercana y cariñosa y ética, estaba dotado de un realismo que le llevaba a considerar con juicio clínico sus decisiones, acompañadas siempre de un espíritu crítico. Era un excelente orador que comunicaba con brillantez y tenía una gran capacidad dialéctica, lo que le hizo ser muy apreciado por sus alumnos y discípulos.

Mi relación personal con él iba más allá de ser compañeros de claustro, de la amistad que mantuvo con mi padre, con el que también compartió claustro Universitario en Madrid, o de ser  miembros de la  Real Academia Nacional de Medicina. Tanto mi padre como yo fuimos pacientes suyos, y este es pues un testimonio que se une al de muchos de los pacientes que tuvieron el privilegio de ser tratados por este grandísimo cirujano.

En mi memoria guardo recuerdo de su personalidad carismática, entrañable y desbordante en afecto. Su firmeza en sus creencias le definía, desde mi perspectiva de joven en aquellos años, como un hombre de principios a los que siempre fue fiel. He sentido por él un profundo respeto y admiración. Creo que sin lugar a  dudas  ha ocupado y ocupa el “top ten” de los cirujanos desaparecidos, lo que me permite glosar su memoria.

A lo largo de estos años he aprendido a asumir la pérdida de personas queridas y agradecer los recuerdos que dejan. En el caso de esta persona singular, que además ha dejado excelentes profesionales dentro de su familia, aprenderemos a quererle si cabe más después de su muerte y apreciar su amplio legado.

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