El sentido común en la Medicina de la era post-digital

A día de hoy, seguimos sin saber muy bien cómo se regula el sentido común, pero es un aspecto muy apreciado para la gestión de la vida social.

La reciente afirmación del Premio Nobel de química del 2015 Thomas Lindhal sobre su hábito mantenido de beber moderadamente alcohol diariamente y defenderlo con énfasis, me hace evocar mi experiencia vivida con 8 premios Nobel que han sido premiados por la Fundación Fernández-Cruz, que presido y que han compartido estos hábitos conmigo en Madrid.
Entre las bases de nuestro conocimiento, en crecimiento exponencial, está el defender que nuestro equilibrio u homeostasis es regulado por dispositivos naturales y automáticos. El libro de la vida cuenta con una herramienta que es el ADN como CEO de la compañía, que regula en gran manera nuestra actividad y los mecanismos de supervivencia adaptativa. La aportación de los Nobel de medicina Thomas Lindhal, Paul Modrich y Azziz Zancar al mundo del conocimiento fue identificar que en el genoma existen 28 millones de sitios vulnerables que hace que al día se produzcan más de 10.000 defectos en nuestro ADN que requieren reparación. Para hacerse una idea, un adulto, que cuenta con 10 millones de células nerviosas en nuestro cerebro, pierde diariamente 85.000 de estas células que deben reponerse.

La alimentación puede ser una medicina o un tóxico. Y en el consumo de alcohol, la dosis importa, como en la mayoría de las herramientas medicinales de las que disponemos. La epidemiología social, revisada en diferentes artículos científicos publicados por el «British Medical Journal», señala que entre 4-6 copas está el límite de seguridad para obtener, de forma global, el beneficio y establecer como hábito saludable su inclusión como parte de nuestra dieta mediterránea. Esta es, en el momento actual, aceptada por consenso como la que lleva a una vida longeva con disminución de la incidencia de las enfermedades crónicas.

La medicina personalizada nos hace ser prudentes y advertir que este hábito puede, sin embargo, ser no deseable en individuos portadores de daños previos genéticos o no, de su ADN, que le llevan a ser susceptibles de padecer enfermedades. Es, pues, el juicio clínico del médico el que debe orientarle.

El libro de la vida cuenta con una herramienta que es el ADN como CEO de la compañía, que regula en gran manera nuestra actividad y los mecanismos de supervivencia adaptativa

Actualmente vivimos una era de descubrimientos continuados que hacen que esta profesión, que practico con pasión, sea intelectualmente muy gratificante. Me estoy refiriendo a que «somos lo que comemos y bebemos», reflejado en la colonización de bacterias de nuestra zona bucal y aparato digestivo que se induce con el consumo de alimentos y bebidas.

Recientemente, hemos demonizado el consumo de carne por esta razón. El consumo de alcohol se asocia también a inducir variaciones de nuestras colonias de bacterias en la boca o el aparato digestivo, y estoy ansioso por conocer los resultados de esta muy interesante línea de investigación que lideran grupos holandeses que nos permitan conocer más, para practicar con acierto la medicina de precisión. Como destaca Thomas Lindhal, compararlo con el consumo de cigarrillos no ayudan a concebir un futuro mejor y crean cierta confusión a la hora de aplicar los mecanismos de homeostasis social.

Desde el comité científico de la Fundación Alcohol&Sociedad, hemos defendido en base a la evidencia científica, una tolerancia cero en el consumo de alcohol en niños y adolescentes, embarazadas y lo que hemos venido en llamar poblaciones de riesgo, defendiendo, sin embargo, el consumo moderado dentro de nuestra dieta mediterránea para evitar la tragedia humana.

En realidad todos los seres humanos son como son; desde mi perspectiva de biólogo-medico, están creados de tal manera que tienden a preservar la vida y buscar el bienestar. El ser humano es un estado mental neuroquímico y defiendo que las herramientas que promueven de manera fiable y sostenida los estados de alegría son en principio saludables para gobernar su vida en sociedad. Los estados psiquiátricos transitorios son nuestra amenaza y debemos, como centinelas, prevenirlos y contrarrestarlos para conseguir un estado de mayor perfección. Nuestros sentimientos y emociones no son imparciales, por ello hago votos para que impere siempre el sentido común antes que la inteligencia artificial lo sustituya

Publicado en Actualidad, Noticias, Prensa.