Santiago Grisolía “one of a kind” 

En estos momentos son muchas las editoriales y artículos que se escriben sobre el maestro Grisolía y no es mi deseo que el lector de mis reflexiones pueda imaginar que quiero competir con ellos, muy al contrario, quiero sumarme con gozo.

El profesor Grisolía es patrono fundador de la Fundación que presido desde hace 41 años.  Desde esta perspectiva quiero, en nombre de los patronos de la Fundación Fernández-Cruz, rendirle tributo. Cuando le conocí en persona, recordando la amistad que mantenía con mi padre desde su experiencia americana, aprecié que su sonrisa me empujaba a creer que la vida es bella y merece vivirla. 99 años de actividad continuada constituye un hito en la vida de personas tan especiales como lo era Don Santiago. Su vida llena de éxitos se basaba en la pasión por lo que abordaba, trabajando muy duramente y amando a su familia. Perdimos a su esposa Frances Thompson en el 2017,  que produjo en mí una fascinación y que generó en él un gran vacío. Su hijo James constituye su legado que tanto apreciamos.

Como científico se adentró en investigar y promocionar el estudio del libro de la vida. En realidad, aquí está el secreto de su pasión por el trabajo al hacer visible la expresión de los genes que codifican enzimas y los enzimas encargados de proteger el genoma. No les incorporo a un pensamiento nuevo al reconocer que en la ciencia somos producto de nuestro entrenamiento en los centros de excelencia. El afán y el azar hacen que estos sueños se hagan realidad.

En la vida del Profesor Grisolía es el ambiente investigador de los laboratorios en los que se desenvolvió como  científico, la explicación de los logros

 conseguidos de forma muy singular. Personas en el área de la bioquímica que él ha cultivado glosan estos días su legado que no es más que la historia de un hombre afortunado que lo ha convertido en único y especial.

Su amistad conmigo me llevó a ser parte de la historia de los premios Jaime I. He vivido con qué cariño trataba su Majestad, el Rey Emérito, al Maestro Grisolía y como apreciaba su gestión para que acudieran a Valencia a otorgar los premios una pléyade de premios nobeles en activo. Sus manifiestos eran su forma de hacer visible los problemas más relevantes con carácter anual.

En este hilo conductor de mis reflexiones sobre esta figura irrepetible, me gustaría destacar su faceta humana. No solo era un hombre familiar, que también, sino que tenía principios que defendía con pasión, pero sin ira. En las reuniones de nuestro patronato nos deleitaba con su actitud conciliadora en un país como el nuestro que a veces tiene actitudes rabiosas o inapropiadas.

Ha presidido muchos colectivos y siempre ha dejado la huella de su ingente personalidad.  El Rey Emérito le reconoce así, como aristócrata al darle el marquesado que es un  habito en la sociedad Británica.

Hemos sido muy privilegiados al haber compartido con él  los proyectos e ilusiones. Le hemos querido mucho y más si cabe ensu recuerdo. Este año recibimos de su secretaria, Mariola, la petición de que D. Santiago ante la dificultad de desplazarse para asistir a las reuniones del patronato de la Fundación ponía su puesto a mi disposición. Le comunicamos y lo aceptó, que le queríamos dentro de por vida  porque para nosotros era “one of a kind”.

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