CII. 2. El desconfinamiento

La muerte no es una aventura.

Fundamos nuestras mejores esperanzas en conseguir liberarnos del Covid-19

La reapertura de nuestro confinamiento tiene 4 fases.

Fase I, que ha consistido en la mitigación primero y confinación después. El objetivo, ha sido curar a los pacientes afectados, prevenir la progresión de la infección con medidas extremas de higiene, distanciamiento social y la intervención sobre la población en riesgo. En este sentido destacamos además la labor de identificar a los infectados con sus posibles contagios exigiendo la cuarentena. Es evidente que muy pocos países han procedido de forma óptima. Los programas de salud pública requerían acción en las personas adecuadas con carácter prioritario. Extenderlo a la población en general con test fiables era lo esperable. La realidad se ha apartado mucho de la experiencia vivida globalmente.

Fase II, debe realizarse cuando los números absolutos de contagio y mortalidad en los estados, regiones o ciudades sean realmente muy bajos en el rango de <1000 infectados y menos de 40-90 fallecidos podemos bajar la guardia. Manteniendo las medidas de higiene, distanciamiento social, la utilización de las mascarillas y aislamiento de aquellos que están contagiados o en espera del resultado del test. En base a estos datos locales se podría programar de forma selectiva la reapertura de los negocios esenciales y la flexibilización del confinamiento. Mi consejo es que dada la importancia de tener test diagnósticos fiables mundialmente se requeriría acciones coordinadas con una importante inversión prioritaria de nuestra comunidad económica europea. Unir esfuerzos cooperativos con USA y Asia es una forma razonable de entender un programa eficaz.

Volver al trabajo, abrir las escuelas y Universidades

Solo deben volver las personas asintomáticas y con test de Covid-19 realizado

De forma reiterativa señalo la necesidad hacer los test en la población general siempre que sea posible, ya que la toma de temperatura que no descalifico, se aleja mucho de una buena práctica, sobre todo cuando desconfinamos un epicentro del virus como es España y de ellos, las comunidades de Madrid y Cataluña.

El foco para la necesaria acción de testar  se centra:

en aquellos ciudadanos a los que se les reconoce que están en riesgo (>65 años, residencias de ancianos-cuidadores, personal sanitario, farmacias, empleados de las agencias de alimentación o consideradas por el “bando de confinamiento” como trabajadores en actividades esenciales).

Aquellos ciudadanos que están bajo sospecha de padecer la infección, haciendo un rastreo de sus posibles contactos.

Los que están en el epicentro de la pandemia que queremos que vuelvan al trabajo.

Los que se han considerado portadores  de los factores de riesgo que empeora el pronóstico de la enfermedad además de la edad. Me refiero a los fumadores, los individuos con enfermedad pulmonar obstructiva crónica, los diabéticos, los obesos, los enfermos cardiovasculares, los enfermos renales crónicos y los afectados por el cáncer.

 

La certificación de la negatividad a Covid-19 para trabajar tiene particular importancia para luchar contra el “coma” económico que se avecina.

Debemos asumir que estamos ante un escenario en el que todo el mundo está bajo sospecha, ya que la mayoría de contagios se producen en los primeros días, que consideramos el periodo asintomático y que puede llegar a un 50%.

Es necesario asumir que identificar a estos sujetos que consideramos contagiadores, es en mi opinión, de importancia capital. Si levantamos la confinación no es posible imaginar un escenario en el que dudemos de que nuestro vecino asintomático pueda ser un super-contagiador. Los test permiten aclarar estas dudas. Ello nos conducirá a tomar, si es el caso, medidas de aislamiento en la población contagiada de forma más selectiva; como la proposición de las arcas de Noé de sujetos positivos y asintomáticos, es una medida de supervivencia aplicable cuando las condiciones de hábitat del sujeto infectado no cumple requisitos de garantía de un confinamiento efectivo sin riesgo.

Convendrán conmigo que los que hemos sido educados en los países ricos, aceptamos sin rechistar que si deseamos viajar a países que denominamos de riesgo endémico de enfermedades contagiosas, se nos requiera además del pasaporte, un certificado de vacunación. Si nuestro objetivo es evitar hibernar nuestra economía de una forma letal, tenemos que usar una herramienta similar. La realización de los test virales rápidos que permitan definir quién puede o no volver a trabajar sin riesgo, es el requisito al que me refiero. Se trata de certificar en este caso que el individuo no es contagioso.

Los test serológicos, como ya he mencionado, pueden identificar con bastante precisión la presencia de anticuerpos de reacción rápida IgM que apoyan la sospecha de infección activa o los de acción prolongada IgG, que señalarían a los afortunados inmunizados. En el primer caso la positividad IgM, requiere la investigación orofaríngea con test viral para documentar si se encuentra en los primeros estadios de alta replicación del Covid-19, y por lo tanto es un contagiador. Si los IgM son negativos es posible que nos encontremos, si existe una elevación de los anticuerpos IgG, en un escenario de seguridad, ya que ello implicaría qua ha obtenido una respuesta inmunitaria similar a la de la vacuna y en su virtud podríamos certificarle a largo plazo. En esta secuencia de triaje en el caso de negatividad deberíamos hacerle un seguimiento a las 2-3 semanas.

Recomendamos las mascarillas a pesar de la reciente y frustrante publicación del 7 de abril del 2020 en el Annals of Internal Medicine procedente de Corea del Sur. La muy frustrante investigación se realizó a 4 pacientes con positividad al Covid-19 a los que se les invitó a toser en placas de Petri a 20 cms de ellas. Ni la máscara quirúrgica ni la de algodón logró filtrar o prevenir la contaminación de la placa de Petri con Covid-19 al compararse con individuos sin mascarillas.

De todas maneras la utilización de las mascarillas no debería ponerse a debate, sobre todo en los profesionales de la medicina por los datos confirmados del beneficio de su uso en la epidemia de el SARS y MERS. La experiencia China, Coreana y en los países asiáticos, apoya con sus resultados la recomendación de su uso de forma particular para los que se encuentren con síntomas respiratorios o de viriasis.

Como manejar el ocio con seguridad

El acuciante problema para nuestro país es el turismo y es un reto de grandes dimensiones. El que viaja por placer/ocio exige garantías de que lo hace a un país donde la posibilidad de contagio de enfermedades es muy baja y que el viaje en los diferentes medios de trasporte no conlleva riesgo adicional. El pecado mortal cometido en las diferentes latitudes hasta ahora, fue no prevenir el contagio permitiendo la libre circulación que no se debe repetir. En el aeropuerto de Barajas se realizaron alrededor de 40 vuelos incluyendo varios de procedencia de Italia un día antes de aplicar la ley de confinamiento en base a lo que se ha venido en llamar el consejo de los expertos y la OMS. La OMS ha evidenciado aquí una vez más sus deficiencias.

 

La nueva realidad

Nuestra propuesta es, en el caso de abrir nuestras fronteras, la de imponer que los viajeros además de ser portadores de su billete presenten un documento/certificado que acredite que es poseedor de un test viral de Covid-19 negativo. Seguro que son capaces de imaginar conmigo un escenario que a la altura del drama que vivimos seria idílico y claramente muy rentable para el futuro de nuestro país.

Los restaurantes, bares, discotecas deben realizar una labor responsable como la que se hizo con el tabaquismo. Deberían requerir el certificado de negatividad del test viral de la orofaringe de Covid-19 a sus clientes por la protección de los mismos de forma fraternal, ofertándoles además un kit de protección con determinadas normas de distanciamiento. Los teatros, auditorios, eventos deportivos deberían asumir esta norma si quieren volver a la normalidad de forma rápida.

Los centros de alojamiento-hoteles exigirían en su acogida el certificado de negatividad para el Covid-19 y ofertarían a su cliente un kit protector para uso personal durante su estancia en el Hotel. La necesidad de monitorizar la situación del brote de forma continuada, a nivel local, es un requisito que debería implementarse dentro del programa de salud pública. La disponibilidad de los Kits diagnósticos y lugares para realizarlos es el gran reto.

Es evidente que la asistencia sanitaria del estado con los laboratorios que cuenta, tiene muy complejo responder a esta necesidad de los test masivos. La legalización con la validación sanitaria, de los test comerciales ayudaría pero no alcanzaría el objetivo de test para todos. La esperanza radica en un test casero pagable/subvencionado que nos permita el autocontrol que afortunadamente ya está en camino. Las aplicaciones digitales permitirían la comunicación inmediata de los resultados y con ello la geoloclaización y puesta  en marcha de la cadena de acciones que requiere la salud pública

La fase III contempla un futuro con la disponibilidad de tratamientos eficaces y la vacuna, una vez que los ensayos clínicos nos ofrezcan los resultados.

 La fase IV contemplaría, como ha realizado Corea del Sur o Alemania, a través de su instituto Koch, políticas sanitarias concebidas para abordar una amenaza similar.

Sería imperdonable que perdiéramos este tiempo en no definir una estrategia europea y mundial.

En octubre es posible que asistamos a la concurrencia de la gripe común y la del Covid-19 que será nuestra prueba de fuego.

Como Europeo me produce un profundo malestar, asistir a los debates políticos que ponen sobre la mesa que la salud de los ciudadanos ocupa un segundo lugar. Boris Johnson, Donald Trump, Bolsonaro, López Obrador son entre otros las estrellas que acaparan mi actitud crítica.

Si defendemos una Europa Unida, ¿cómo interpreto, que el instituto Robert Koch, agencia del gobierno Federal de Alemania, tenga un programa para manejar pandemias que no se ha compartido con el resto de la comunidad “económica europea”?. Lo peor está por llegar en este capítulo, al evidenciarse una vez más, que somos para ciertas cosas una unidad Europea y para otras hay que estudiarlo.

Siempre he tenido una actitud positiva y una vez más marcho entusiasmado para que sin excitarme ni apasionarme pueda seguir trabajando codo con codo por y para mi pueblo.

 

Prof. A. Fernández-Cruz

Presidente Fundación Fernández-Cruz

Académico de Número RANME

Catedrático-Jefe Servicio Emérito Comunidad de Madrid UCM

Madrid, 24 abril 2020