CII. 5. La histeria colectiva

La gente reacciona con histeria ante la incertidumbre creada y voy a ilustrarlo con varios ejemplos. Me gustaría iniciar por relatarle la última hora del inicio de esta pandemia.

El 14 de abril del 2020 el Washington Post confirma que el origen del paciente cero infectado por coronavirus resulta ser un empleado del famoso laboratorio de virología de la ciudad china de Wuhan. Como recordarán el COVID-19 se originó en el laboratorio del Instituto de Virología de Wuhan como parte de un programa de investigación viral chino, que desde el 2015 desarrollaba investigaciones para prevenir una posible futura pandemia del SARS. Se establece entonces una series de versiones  que están por aclarar, en el intento de explicar el comienzo de la infección.

NO está en un murciélago comido en un “mercado húmedo” de animales de Wuhan. Se trataría de medidas inapropiadas de seguridad de ese laboratorio. La posibilidad de que el Covid-19 fuera creado mediante ingeniería genética, en el Instituto de virología de Wuhan, se ha extendido como el aceite y ha espantado a los informados, ante el inicio de una potencial devastadora guerra bacteriológica siempre anunciada y temida entre China y el resto del mundo.

Mientras la investigación sigue en busca de la verdad, nos informamos que “el paciente cero” en USA que se detectó en Washington es según el periódico de Washington, un empleado del famoso laboratorio de virología chino que viajó a USA infectado. La historia toma forma al especular con el contagio de los trabajadores del laboratorio que luego transmiten a la población de Wuhan, donde les recuerdo comenzó el brote.

Volviendo al título de este epígrafe, la histeria colectiva, he de admitir que ésta se manifiesta de formadishomogenea en diferentes países, haciéndolo en algunos casos de sorprendente. España por ejemplo, lo ha centrado en la pasta y el papel higiénico que no es bien básico para la vida y no te protege de nada. Holanda hacia colas para hacer acopio de Hachis.

En la mayoría de países, pero de forma particular en USA, acostumbrado en algunos de sus estados, a los huracanes, no solo hacían acopio de lo que llamamos bienes básicos, sino que intentó el asalto en las farmacias, sobre fármacos como la Hidroxicloroquina que tenía un trabajo científico de baja calidad que apuntaba beneficios. Las mascarillas, la lejía y preparados desinfectantes han sido también las dianas por las declaraciones de políticos irresponsables que minan la fe en la ciencia.

Opino  que el confinamiento continuado da lugar, con el objetivo de parecer dueño de uno mismo, a un “estado mental vacacional” en el intento de evitar aburrirse. El ejercicio físico, sobretodo abdominales , con el riesgo de dañarse, el baile, la práctica del yoga, el retornar a tocar instrumentos musicales, los aplausos a las 20 horas a los funcionarios públicos del sector de la salud o las caceroladas balconadas, constituyen conductas colectivas que parecen irrefrenables.

La cocina, sobretodo la repostería, ocupa aquí un lugar destacado, que con el uso de las redes sociales nos llevan a hábitos culinarios jamás experimentados previamente. Uno tiene a veces, la impresión, que nos conducimos como si acabáramos de llegar a un resort y decidimos apuntarnos a todas la actividades disponibles. La realidad te enseña que no tienes tiempo para realizarlas y debido a ello desarrolla trastornos del sueño por ello.

Gran parte de la ciudadanía cree que la salud es natural en el hombre y la enfermedad es antinatural. La enfermedad irrumpe siempre como una intrusa y arremete en muchas ocasiones, contra un alma aterrorizada que busca un sentido o una justificación. La humanidad no ha podido habituarse a la idea de que situaciones como la que vivimos se precipiten caprichosamente sobre nosotros. Por ello la enfermedad siempre se aparece como enviada por alguien.

Hace unos días el entrevistador de la CNN le hacia una espinosa pregunta al Dr. Anthony Fauci como experto inmunólogo en esta pandemia en USA. Se refería a que reflexionara sobre el lugar que ocupa la fe religiosa en el manejo de esta situación límite.

Toda la medicina en nuestro planeta empieza como teología, en el que el rito y la magia ha permanecido a lo largo de los siglos. Así el tratamiento técnico-profesionalizado lleva consigo un acto religioso en la reacción del hombre contra la prueba enviada por Dios. Los dioses la envían y solo los dioses pueden alejarla.

La pandemia amenaza también, con alterar viejas tradiciones del mundo religioso, incluida la conocida obediencia ciega a los líderes religiosos. La creencia de que los estudiosos de las religiones y las tradiciones son más importantes que las reglas de un estado moderno, es motivo de apasionado debate. Así los judíos ortodoxos pagan caro, al ignorar la cuarentena del Covid-19 en el estado de Israel. El influyente rabino Chaim Kanievsky, de Bnei Brak, afirmó que cerrar los seminarios causaba más daños que el propio virus. “La Torá protege y salva” decía con orgullo. En un contexto similar hemos visto cómo los idealismos en la política manifestadas en sustitución de la religión también nos azotan.

El contenido de pancartas en la manifestación del 8-M que rezaban como “el machismo mata más mujeres que el coronavirus” o la sugerencia del presidente Torra y la Alcadesa de Barcelona Ada Colau apuntando, que detrás de la suspensión del Mobile, no estaba la amenaza de un devastador contagio mundial, sino que no era más que la punta de lanza, para acabar con el Mobile/Barcelona. Destacados personajes de la vida pública como el presidente Torra, los asistentes a la manifestación del 8-M, o los que asistieron al mitin de Vox en Vistalegre, han caído en campaña, contagiándose con el Covid-19.

Pero dentro de este programa de modificación de los hábitos, requeridos para alcanzar el distanciamiento social y la higiene, emerge con fuerza un sentimiento altruista. Es posible que el mundo no haya reaccionado antes de una manera más unánime y conmovida, al  respetar y proteger la salud del otro, con sentimiento de empatía.

Recomiendo la lectura de una de las obras de ficción de Gabriel García Márquez titulado “el amor en los tiempos del cólera” en donde su reflexiones consiguen que te apoderen sentimientos que te sube a alturas insospechadas.

La “verdad” en esta pandemia se ha convertido en un bien preciado, en el que vemos a unos y a otros disculparse por haber faltado a ella. La detección a tiempo y la velocidad de la respuesta, ha sido una dolorosa experiencia en la mayoría de países. La justificación más frecuente ha sido, que contaban “su verdad”, que en ocasiones ha hecho que la gente se mofe de ella.

Sigmund Freud señalaba que uno de los elementos defensivos más preciados de nuestra mente para resolver las represiones es la fantasía. La fantasía establece así otra forma de relación interpersonal entre los humanos. En el caso de la histeria señalaba las dos formas conocidas: la de conversión y la fóbica. No es difícil imaginar que me estoy refiriendo a esta última en este caso totalmente justificada.

 

Prof. A. Fernandez-Cruz

Presidente Fundación Fernández-Cruz

Académico de Número RANME

Catedrático-Jefe Servicio Emérito Comunidad de Madrid UCM

 

Madrid, 30 abril 2020